¿En qué creen los Adventistas del Séptimo Día?

01. Las Sagradas Escrituras

Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios escrita y la principal fuente de autoridad para nuestra fe. En sus páginas, Dios revela quién es, cuál es su voluntad para la humanidad y cuál es el camino de salvación por medio de Jesucristo. Aceptamos tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento como inspirados por el Espíritu Santo. Las Sagradas Escrituras son la revelación suprema, autoritativa e infalible de la voluntad divina. Por eso, estudiamos la Biblia no solo como un libro religioso, sino como una guía viva para conocer a Dios, comprender su amor, tomar decisiones sabias y vivir conforme a sus principios.

Creemos que toda enseñanza, experiencia espiritual y práctica cristiana debe ser evaluada a la luz de las Escrituras. La Biblia nos orienta, nos corrige, nos fortalece y nos conduce a una relación más profunda con Dios.

Salmo 119:105; Proverbios 30:5-6; Isaías 8:20; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:16-17; Hebreos 4:12; 2 Pedro 1:20-21.

02. La Trinidad

Creemos en un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No creemos en tres dioses separados, sino en un único Dios que se revela en tres personas divinas, eternas y perfectamente unidas en amor, propósito y acción. Dios es Creador, Sustentador y Salvador. Aunque su grandeza supera nuestra comprensión humana, Él se ha dado a conocer por medio de la creación, la Biblia y, de manera especial, por medio de Jesucristo. Creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actúan juntos en la obra de la salvación. El Padre ama y envía, el Hijo redime y revela el carácter de Dios, y el Espíritu Santo guía, transforma y acompaña a los creyentes.

Base bíblica: Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; Juan 3:16; 2 Corintios 13:14; Efesios 4:4-6; 1 Pedro 1:2.

03. El Padre

Creemos en Dios el Padre, eterno, santo, justo, misericordioso y lleno de amor. Él es el Creador, Sustentador y Soberano de todo lo que existe. Nada está fuera de su conocimiento, de su cuidado ni de su autoridad. Creemos que el Padre no es un Dios distante, sino un Dios cercano que desea relacionarse con sus hijos. Su amor por la humanidad se revela de manera clara en el envío de Jesucristo para nuestra salvación. Cuando miramos a Jesús, vemos el carácter del Padre: su compasión, su justicia, su paciencia, su perdón y su deseo de restaurar al ser humano. Por eso, confiamos en Dios como Padre amoroso, digno de adoración, obediencia y gratitud.

Base bíblica: Génesis 1:1; Juan 3:16; Juan 14:9; 1 Corintios 15:28; 1 Timoteo 1:17; 1 Juan 4:8; Apocalipsis 4:11.

04. El Hijo

Creemos en Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, quien se hizo humano para revelar plenamente el carácter del Padre y salvar a la humanidad. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.

Creemos que por medio de Cristo fueron creadas todas las cosas, y que en su vida terrenal vemos el ejemplo perfecto de obediencia, amor, servicio y fidelidad a Dios. Aunque fue tentado como nosotros, vivió sin pecado.

Creemos que Jesús murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados, ocupando nuestro lugar y abriendo el camino de salvación. También creemos que resucitó, ascendió al cielo y ministra en favor de sus hijos.

Nuestra esperanza está puesta en su promesa: Jesucristo volverá en gloria para poner fin al pecado, restaurar todas las cosas y reunir a su pueblo con Él para siempre.

Base bíblica: Isaías 53:4-6; Juan 1:1-3,14; Juan 14:1-3; Romanos 6:23; 1 Corintios 15:3-4; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:15-19; Hebreos 8:1-2.

05. El Espíritu Santo

Creemos en el Espíritu Santo como una persona divina, no como una fuerza impersonal. Él obra junto al Padre y al Hijo en la creación, la redención y la transformación de la vida humana. Creemos que el Espíritu Santo inspiró a los autores bíblicos, guiándolos para transmitir el mensaje de Dios. También fue activo en la vida y el ministerio de Jesús, y continúa obrando hoy en la iglesia y en cada creyente. El Espíritu Santo convence al corazón, nos guía a la verdad, nos ayuda a comprender la Biblia, produce transformación espiritual y nos capacita para vivir una vida cristiana fiel. También concede dones espirituales para servir a Dios y bendecir a otras personas. Creemos que sin la obra del Espíritu Santo no podríamos crecer espiritualmente ni cumplir la misión de compartir el evangelio. Él nos acompaña, nos fortalece y nos conduce a una vida más parecida a Cristo.

Base bíblica: Génesis 1:1-2; Juan 14:16-18,26; Juan 16:7-13; Hechos 1:8; Romanos 5:5; 1 Corintios 12:7-11; 2 Corintios 3:18; 2 Pedro 1:21.

06. La Creación

Creemos que Dios es el Creador de todas las cosas. La Biblia presenta la creación como una obra real e histórica de Dios, quien hizo los cielos, la tierra, el mar y todo lo que existe. La vida no es producto del azar, sino el resultado del poder, la sabiduría y el amor del Creador. Creemos que Dios creó el mundo en seis días literales y descansó el séptimo día. 

Por eso, la creación está profundamente relacionada con el sábado, que fue establecido como un recordatorio permanente de que Dios es nuestro Creador y Sustentador. También creemos que el ser humano fue creado a imagen de Dios, con dignidad, propósito y responsabilidad. Como parte de la creación, somos llamados a cuidar la vida, respetar el mundo que Dios hizo y vivir reconociendo que todo le pertenece a Él.

Base bíblica: Génesis 1–2; Génesis 5; Génesis 11; Éxodo 20:8-11; Salmo 19:1-6; Salmo 33:6,9; Salmo 104; Isaías 45:12,18; Hechos 17:24; Colosenses 1:16; Hebreos 1:2; Hebreos 11:3; Apocalipsis 10:6; Apocalipsis 14:7.

07. La naturaleza de la humanidad

Creemos que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, con individualidad, libertad de pensamiento y capacidad de decidir. Cada persona posee un valor inmenso porque su vida proviene de Dios y depende de Él. Creemos que el ser humano es una unidad integral de cuerpo, mente y espíritu. No somos partes separadas sin relación entre sí; nuestra vida física, mental, emocional y espiritual forma una unidad que Dios desea restaurar completamente. También creemos que el pecado dañó la imagen de Dios en la humanidad. 

Desde la caída, todos enfrentamos debilidades, tendencias al mal y la realidad de la muerte. Sin embargo, Dios no abandonó al ser humano: por medio de Cristo y la obra del Espíritu Santo, Él restaura su imagen en quienes responden con fe y arrepentimiento. Por eso, somos llamados a amar a Dios, amar al prójimo y cuidar responsablemente el ambiente que nos rodea.

Base bíblica: Génesis 1:26-28; Génesis 2:7,15; Génesis 3; Salmo 8:4-8; Salmo 51:5,10; Salmo 58:3; Jeremías 17:9; Hechos 17:24-28; Romanos 5:12-17; 2 Corintios 5:19-20; Efesios 2:3; 1 Tesalonicenses 5:23; 1 Juan 3:4; 1 Juan 4:7-8,11,20.

08. El Gran Conflicto

Creemos que existe un gran conflicto entre Cristo y Satanás, relacionado con el carácter de Dios, su ley y su gobierno sobre el universo. Este conflicto comenzó en el cielo cuando un ser creado, con libertad de elección, se rebeló contra Dios y llegó a ser Satanás, el adversario. Creemos que esa rebelión llegó a la tierra cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios. Como consecuencia, el pecado afectó a la humanidad, distorsionó la imagen de Dios en las personas y dañó la creación. 

Sin embargo, creemos que este conflicto no terminará con la victoria del mal. Dios está obrando para revelar su amor, su justicia y su verdad. Cristo venció en la cruz, y finalmente Dios pondrá fin al pecado y restaurará todas las cosas. Mientras tanto, creemos que Cristo acompaña a su pueblo por medio del Espíritu Santo y de los ángeles fieles, guiando, protegiendo y sosteniendo a quienes confían en Él. 

Base bíblica: Génesis 3; Génesis 6–8; Job 1:6-12; Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:12-18; Romanos 1:19-32; Romanos 3:4; Romanos 5:12-21; Romanos 8:19-22; 1 Corintios 4:9; Hebreos 1:14; 1 Pedro 5:8; 2 Pedro 3:6; Apocalipsis 12:4-9.

09. Vida, muerte y resurrección de Cristo

Creemos que Jesucristo vivió una vida perfecta de obediencia a la voluntad de Dios. En su vida vemos el amor, la justicia, la misericordia y el carácter del Padre revelados de manera plena. Creemos que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. Su muerte fue voluntaria, sustitutiva y expiatoria: Él tomó nuestro lugar para ofrecernos perdón, reconciliación con Dios y vida eterna. En la cruz, Dios mostró tanto la gravedad del pecado como la profundidad de su amor por la humanidad. 

También creemos que Cristo resucitó corporalmente de entre los muertos. Su resurrección confirma su victoria sobre el pecado, Satanás y la muerte. Gracias a esa victoria, quienes aceptan a Cristo por fe tienen esperanza, perdón y seguridad en la promesa de la vida eterna. La vida, muerte y resurrección de Jesús son el centro del evangelio y la base de nuestra salvación.

Base bíblica: Génesis 3:15; Salmo 22:1; Isaías 53; Juan 3:16; Juan 14:30; Romanos 1:4; Romanos 3:25; Romanos 4:25; Romanos 8:3-4; 1 Corintios 15:3-4,20-22; 2 Corintios 5:14-15,19-21; Filipenses 2:6-11; Colosenses 2:15; 1 Pedro 2:21-22; 1 Juan 2:2; 1 Juan 4:10.

10. La experiencia de la salvación

Creemos que la salvación es un regalo de la gracia de Dios. No somos salvos por nuestros méritos, obras o esfuerzos humanos, sino por medio de Jesucristo, quien murió por nosotros y nos ofrece perdón, nueva vida y reconciliación con Dios. Creemos que el Espíritu Santo nos ayuda a reconocer nuestra necesidad, nos convence de pecado, nos guía al arrepentimiento y nos lleva a confiar en Jesús como Salvador y Señor. La fe salvadora nace por la acción de Dios y por el poder de su Palabra. Por medio de Cristo, somos perdonados, justificados y adoptados como hijos e hijas de Dios. 

Esto significa que Dios no solo borra nuestro pasado, sino que también nos recibe como parte de su familia. Creemos que la salvación también transforma la vida. El Espíritu Santo renueva nuestra mente, escribe la ley de amor de Dios en nuestro corazón y nos capacita para vivir una vida nueva, en comunión con Cristo. Al permanecer en Él, tenemos seguridad, esperanza y crecimiento espiritual.

Base bíblica: Génesis 3:15; Isaías 45:22; Isaías 53; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 33:11; Ezequiel 36:25-27; Habacuc 2:4; Marcos 9:23-24; Juan 3:3-8,16; Juan 16:8; Romanos 3:21-26; Romanos 8:1-4,14-17; Romanos 5:6-10; Romanos 10:17; Romanos 12:2; 2 Corintios 5:17-21; Gálatas 1:4; Gálatas 3:13-14,26; Gálatas 4:4-7; Efesios 2:4-10; Colosenses 1:13-14; Tito 3:3-7; Hebreos 8:7-12; 1 Pedro 1:23; 1 Pedro 2:21-22; 2 Pedro 1:3-4; Apocalipsis 13:8.

11. El crecimiento en Cristo

Creemos que, por su muerte en la cruz, Jesús venció a las fuerzas del mal y nos ofrece libertad, paz y seguridad en su amor. La vida cristiana no termina cuando aceptamos a Cristo; comienza un proceso de crecimiento espiritual en el que aprendemos a vivir cada día más cerca de Él.

Creemos que el Espíritu Santo habita en nosotros y nos capacita para vencer el temor, dejar atrás la vida pasada y caminar en una nueva libertad. En Cristo ya no vivimos dominados por la culpa, la oscuridad espiritual o el poder del mal, sino sostenidos por su gracia.

También creemos que crecemos en Cristo por medio de la oración, el estudio de la Biblia, la adoración, la alabanza, la comunión con otros creyentes y la participación en la misión de la iglesia. Este crecimiento se refleja en una vida de servicio, compasión y testimonio.

Creemos que Cristo transforma cada área de nuestra vida y convierte nuestras tareas diarias en oportunidades para honrar a Dios y servir a los demás.

Base bíblica: 1 Crónicas 29:11; Salmo 1:1-2; Salmo 23:4; Salmo 77:11-12; Mateo 20:25-28; Mateo 25:31-46; Lucas 10:17-20; Juan 20:21; Romanos 8:38-39; 2 Corintios 3:17-18; Gálatas 5:22-25; Efesios 5:19-20; Efesios 6:12-18; Filipenses 3:7-14; Colosenses 1:13-14; Colosenses 2:6,14-15; 1 Tesalonicenses 5:16-18,23; Hebreos 10:25; Santiago 1:27; 2 Pedro 2:9; 2 Pedro 3:18; 1 Juan 4:4.

12. La Iglesia

Creemos que la iglesia es la comunidad de creyentes que reconocen a Jesucristo como Señor y Salvador. No es solo un edificio o una institución, sino una familia espiritual llamada por Dios para adorar, aprender, servir y anunciar el evangelio. Creemos que la iglesia existe para fortalecer la fe de sus miembros por medio de la comunión, la enseñanza de la Palabra, la oración, la Cena del Señor y el servicio al prójimo. 

En ella encontramos acompañamiento, responsabilidad espiritual y oportunidades para crecer juntos. También creemos que la iglesia es el cuerpo de Cristo. Esto significa que Cristo es la cabeza y que cada creyente tiene un lugar, una función y un propósito dentro de la comunidad de fe. La misión de la iglesia es proclamar el evangelio en todo el mundo, hacer discípulos y reflejar el amor de Dios en la vida práctica.

Base bíblica: Génesis 12:3; Hechos 7:38; Efesios 4:11-15; Efesios 3:8-11; Mateo 28:19-20; Mateo 16:13-20; Mateo 18:18; Efesios 2:19-22; Efesios 1:22-23; Efesios 5:23-27; Colosenses 1:17-18.

13. El Remanente y su misión

Creemos que Dios tiene un pueblo fiel en todo lugar: personas que creen verdaderamente en Cristo y desean vivir conforme a su Palabra. En el contexto de los últimos días, la Biblia presenta un remanente llamado a guardar los mandamientos de Dios y mantener la fe de Jesús. Creemos que este remanente tiene una misión especial: anunciar la salvación por medio de Cristo, proclamar la cercanía de su segunda venida y llamar a las personas al arrepentimiento, la fe y la adoración verdadera. Esta misión está relacionada con el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14, que llama al mundo a adorar al Creador, recibir el evangelio eterno y prepararse para el regreso de Jesús. También creemos que esta misión no es solo institucional, sino personal. Cada creyente es invitado a participar en el testimonio mundial, compartiendo a Cristo con amor, claridad y fidelidad bíblica.

Base bíblica: Daniel 7:9-14; Isaías 1:9; Isaías 11:11; Jeremías 23:3; Miqueas 2:12; 2 Corintios 5:10; 1 Pedro 1:16-19; 1 Pedro 4:17; 2 Pedro 3:10-14; Judas 3,14; Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 14:6-12; Apocalipsis 18:1-4.

14. La unidad en el cuerpo de Cristo

Creemos que la iglesia es un solo cuerpo formado por muchos miembros, llamados de diferentes naciones, culturas, idiomas y contextos. En Cristo, todas las personas tienen el mismo valor y son llamadas a vivir en amor, respeto y comunión. Creemos que las diferencias de raza, nacionalidad, educación, condición social, género o cultura no deben dividirnos. La unidad cristiana no significa que todos seamos iguales en personalidad o historia, sino que todos estamos unidos en Cristo, por un mismo Espíritu y una misma esperanza. También creemos que esta unidad se expresa en el servicio mutuo. En la iglesia, somos llamados a servir y ser servidos sin parcialidad, sin orgullo y sin discriminación. Nuestra unidad nace del Dios triuno, que nos adoptó como hijos e hijas, y se fortalece cuando compartimos la misma fe, el mismo mensaje y el mismo compromiso con la misión.

Base bíblica: Salmo 133:1; Mateo 28:19-20; Juan 17:20-23; Hechos 17:26-27; Romanos 12:4-5; 1 Corintios 12:12-14; 2 Corintios 5:16-17; Gálatas 3:27-29; Efesios 2:13-16; Efesios 4:3-6,11-16; Colosenses 3:10-15.

15. El Bautismo

Creemos que el bautismo es una expresión pública de fe en Jesucristo. Por medio del bautismo, confesamos que creemos en su muerte y resurrección, y damos testimonio de que deseamos dejar atrás la vida de pecado para caminar en una vida nueva. Creemos que el bautismo simboliza nuestra unión con Cristo, el perdón de nuestros pecados y la recepción del Espíritu Santo. Es una señal visible de una decisión interior: aceptar a Jesús como Salvador y Señor. 

También creemos que el bautismo debe realizarse por inmersión en agua, siguiendo el modelo bíblico. Representa la muerte a la vida antigua, la sepultura simbólica y el nacimiento a una nueva vida en Cristo. El bautismo viene después de la instrucción en la Biblia, la fe en Jesús y la evidencia de arrepentimiento. A través de él, la persona es recibida como miembro de la iglesia y parte del pueblo de Dios.

Base bíblica: Mateo 28:19-20; Hechos 2:38; Hechos 16:30-33; Hechos 22:16; Romanos 6:1-6; Gálatas 3:27; Colosenses 2:12-13.

16. La Cena del Señor

Creemos que la Cena del Señor es una ceremonia de comunión en la que participamos de los emblemas del cuerpo y la sangre de Jesús. Al hacerlo, expresamos nuestra fe en Cristo como Señor y Salvador, recordamos su sacrificio y proclamamos su muerte hasta que Él vuelva. Creemos que Cristo está presente espiritualmente en esta experiencia para encontrarse con su pueblo, fortalecer la fe y renovar la comunión con Dios y con los hermanos. 

Por eso, la Cena del Señor no es solo un acto simbólico, sino un momento de reflexión, gratitud, arrepentimiento y renovación espiritual. También creemos en el servicio del lavamiento de los pies, establecido por Jesús como ejemplo de humildad, servicio y amor fraternal. Este acto nos recuerda que todos necesitamos la gracia de Cristo y que somos llamados a servirnos unos a otros con un espíritu humilde. El servicio de Comunión está abierto a todos los creyentes cristianos.

Base bíblica: Mateo 26:17-30; Juan 6:48-63; Juan 13:1-17; 1 Corintios 10:16-17; 1 Corintios 11:23-30; Apocalipsis 3:20.

17. Los dones y los ministerios espirituales

Creemos que Dios concede dones espirituales a todos los miembros de su iglesia. Estos dones son dados por el Espíritu Santo para servir, edificar la iglesia y bendecir a la humanidad. Creemos que cada creyente tiene un lugar y una función dentro del cuerpo de Cristo. Nadie es llamado a vivir una fe pasiva; todos hemos recibido capacidades, oportunidades y responsabilidades para servir según la voluntad de Dios. 

La Biblia enseña que estos dones incluyen ministerios como la fe, la enseñanza, la predicación, la administración, la compasión, el servicio, la reconciliación, la ayuda al prójimo y otros dones necesarios para cumplir la misión de la iglesia. También creemos que algunos miembros son llamados y capacitados por Dios para funciones específicas, como el ministerio pastoral, la evangelización y la enseñanza. Estos ministerios ayudan a preparar a la iglesia para servir mejor, crecer espiritualmente y permanecer unida en la fe. Cuando los dones se usan con fidelidad y amor, la iglesia crece, se fortalece y cumple mejor su misión.

Base bíblica: Hechos 6:1-7; Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:7-11,27-28; Efesios 4:8,11-16; 1 Timoteo 3:1-13; 1 Pedro 4:10-11.

18. El don de profecía

Creemos que el don de profecía es uno de los dones del Espíritu Santo. A lo largo de la historia bíblica, Dios guió, corrigió, animó y enseñó a su pueblo por medio de mensajes proféticos. Creemos que este don se manifestó en el ministerio de Elena de White, cuyos escritos han servido para brindar orientación, consuelo, instrucción y corrección a la iglesia. La Iglesia Adventista reconoce su ministerio como una manifestación del don profético. 

Al mismo tiempo, creemos que la Biblia es la autoridad suprema. Los escritos de Elena de White no reemplazan las Escrituras ni están por encima de ellas. Toda enseñanza, experiencia y mensaje debe ser probado por la Palabra de Dios. Por eso, entendemos el don de profecía como una bendición para orientar a la iglesia, fortalecer su misión y dirigir siempre la atención hacia Cristo y la Biblia.

Base bíblica: Números 12:6; 2 Crónicas 20:20; Amós 3:7; Joel 2:28-29; Hechos 2:14-21; 2 Timoteo 3:16-17; Hebreos 1:1-3; Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 19:10; Apocalipsis 22:8-9.

19. La Ley de Dios

Creemos que la Ley de Dios expresa su amor, su voluntad y su propósito para la vida humana. Sus grandes principios están contenidos en los Diez Mandamientos y fueron ejemplificados perfectamente en la vida de Jesucristo. Creemos que la Ley de Dios no es un medio para ganar la salvación. La salvación es completamente por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. 

Sin embargo, la obediencia a los mandamientos es el fruto de una vida transformada por esa gracia. La Ley nos muestra el pecado, despierta en nosotros la necesidad de un Salvador y nos orienta hacia una vida de amor a Dios y al prójimo. Obedecer a Dios por fe no es una carga, sino una respuesta de amor hacia Aquel que nos salvó. Creemos que la obediencia nacida de la fe desarrolla el carácter cristiano, fortalece el testimonio y muestra el poder de Cristo para transformar vidas.

Base bíblica: Éxodo 20:1-17; Deuteronomio 28:1-14; Salmo 19:7-14; Salmo 40:7-8; Mateo 5:17-20; Mateo 22:36-40; Juan 14:15; Juan 15:7-10; Romanos 8:3-4; Efesios 2:8-10; Hebreos 8:8-10; 1 Juan 2:3; 1 Juan 5:3; Apocalipsis 12:17; Apocalipsis 14:12.

20. El Sábado

Creemos que el sábado es el séptimo día de la semana, establecido por Dios desde la creación como día de reposo, adoración y comunión. Después de crear el mundo en seis días, Dios descansó el séptimo día, lo bendijo y lo santificó. Creemos que el sábado forma parte de la Ley de Dios y fue dado para toda la humanidad como un recordatorio de que Dios es nuestro Creador y Sustentador. También es una señal de nuestra redención en Cristo y de nuestra relación de pacto con Dios.

Para nosotros, el sábado no es solo un día de descanso físico, sino una oportunidad para fortalecer la comunión con Dios, reunirnos con la iglesia, servir al prójimo y renovar nuestra esperanza. Es un día para detenernos de las ocupaciones comunes y dedicar tiempo especial a la adoración, la familia, la comunidad y la misión. Creemos que el sábado se observa desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado, siguiendo el principio bíblico de “de tarde a tarde”. Su observancia gozosa celebra tanto la obra creadora como la obra redentora de Dios.

Base bíblica: Génesis 2:1-3; Éxodo 20:8-11; Éxodo 31:13-17; Levítico 23:32; Deuteronomio 5:12-15; Isaías 56:5-6; Isaías 58:13-14; Ezequiel 20:12,20; Mateo 12:1-12; Marcos 1:32; Lucas 4:16; Hebreos 4:1-11.

21. La Mayordomía

Creemos que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios. La vida, el tiempo, las oportunidades, los talentos, los recursos materiales y la creación misma son dones que Él nos confía para administrarlos con fidelidad. Creemos que la mayordomía cristiana no se limita al dinero, sino que abarca toda la vida. Somos responsables delante de Dios por la forma en que usamos nuestras capacidades, nuestras posesiones, nuestro cuerpo, nuestro tiempo y nuestra influencia. 

También creemos que reconocemos a Dios como dueño de todo mediante el servicio fiel, la ayuda al prójimo, la devolución del diezmo y las ofrendas. Estos recursos sostienen la predicación del evangelio, el desarrollo de la iglesia y el cumplimiento de la misión. La mayordomía nos ayuda a vencer el egoísmo, crecer en generosidad y participar con gozo en la obra de Dios.

Base bíblica: Génesis 1:26-28; Génesis 2:15; 1 Crónicas 29:14; Hageo 1:3-11; Malaquías 3:8-12; Mateo 23:23; Romanos 15:26-27; 1 Corintios 9:9-14; 2 Corintios 8:1-15; 2 Corintios 9:7.

22. La Conducta Cristiana

Creemos que somos llamados a vivir de manera coherente con los principios bíblicos en todos los aspectos de la vida. La fe no se limita al culto o a las creencias, sino que influye en nuestros pensamientos, decisiones, relaciones, hábitos y estilo de vida. Creemos que el Espíritu Santo desea formar en nosotros el carácter de Cristo. Por eso, buscamos involucrarnos en aquello que produce pureza, salud, alegría cristiana y crecimiento espiritual. 

También creemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Por eso, procuramos cuidarlo mediante hábitos saludables, descanso, ejercicio, buena alimentación y absteniéndonos de aquello que daña la salud física, mental o espiritual. La conducta cristiana no nace del legalismo, sino del deseo de honrar a Dios con todo nuestro ser y vivir una vida que refleje su amor.

Base bíblica: Génesis 7:2; Éxodo 20:15; Levítico 11:1-47; Salmo 106:3; Romanos 12:1-2; 1 Corintios 6:19-20; 1 Corintios 10:31; 2 Corintios 6:14–7:1; 2 Corintios 10:5; Efesios 5:1-21; Filipenses 2:4; Filipenses 4:8; 1 Timoteo 2:9-10; Tito 2:11-12; 1 Pedro 3:1-4; 1 Juan 2:6; 3 Juan 2.

23. El Matrimonio y la Familia

Creemos que el matrimonio fue establecido por Dios desde la creación como una unión de amor, fidelidad y compañerismo entre un hombre y una mujer. Para el cristiano, el matrimonio es un compromiso delante de Dios y del cónyuge. Creemos que la relación matrimonial debe reflejar amor, respeto, responsabilidad, fidelidad y entrega mutua. La Biblia presenta el matrimonio como una relación seria, santa y duradera, que debe reflejar el amor de Cristo por su iglesia. 

También creemos que Dios bendice a la familia y desea que sus miembros se apoyen mutuamente para crecer en madurez, fe y amor. Aunque muchas familias enfrentan dificultades, en Cristo pueden encontrar dirección, restauración y esperanza. Creemos que los padres tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos a amar y obedecer al Señor, tanto por medio de la instrucción como del ejemplo. La familia es un espacio fundamental para transmitir la fe y formar el carácter cristiano.

Base bíblica: Génesis 2:18-25; Éxodo 20:12; Deuteronomio 6:5-9; Proverbios 22:6; Malaquías 4:5-6; Mateo 5:31-32; Mateo 19:3-9,12; Marcos 10:11-12; Juan 2:1-11; 1 Corintios 7:7,10-11; 2 Corintios 6:14; Efesios 5:21-33; Efesios 6:1-4.

24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

Creemos que Jesucristo, después de su muerte, resurrección y ascensión, ministra en el Santuario celestial en favor de la humanidad. Allí aplica los beneficios de su sacrificio perfecto realizado una vez y para siempre en la cruz. Creemos que Cristo es nuestro gran Sumo Sacerdote. Su ministerio intercesor nos recuerda que no estamos solos: Jesús vive para interceder por nosotros, ofrecer perdón, sostener nuestra fe y preparar a su pueblo para su regreso. 

También creemos que, conforme a la profecía bíblica, Cristo inició una fase final de su ministerio relacionada con el juicio investigador. Este juicio revela la justicia de Dios, confirma a quienes permanecen en Cristo y forma parte del proceso por el cual Dios pondrá fin definitivamente al pecado. Esta creencia no quita nada a la suficiencia de la cruz; al contrario, muestra cómo el sacrificio de Cristo sigue siendo aplicado en favor de los creyentes hasta la consumación del plan de salvación.

Base bíblica: Levítico 16; Números 14:34; Ezequiel 4:6; Daniel 7:9-27; Daniel 8:13-14; Daniel 9:24-27; Hebreos 1:3; Hebreos 2:16-17; Hebreos 4:14-16; Hebreos 8:1-5; Hebreos 9:11-28; Hebreos 10:19-22; Apocalipsis 8:3-5; Apocalipsis 11:19; Apocalipsis 14:6-7,12; Apocalipsis 20:12; Apocalipsis 22:11-12.

25. La Segunda Venida de Cristo

Creemos que Jesucristo volverá otra vez. Su segunda venida es la gran esperanza de la iglesia y la culminación del evangelio. No será un evento secreto ni simbólico, sino literal, personal, visible y de alcance mundial. Creemos que cuando Cristo regrese, los justos muertos resucitarán y los creyentes vivos serán transformados para encontrarse con el Señor. 

Esta promesa llena de esperanza a quienes confían en Jesús y esperan su regreso. También creemos que nadie conoce el día ni la hora de su venida. Por eso, somos llamados a vivir preparados, no con miedo, sino con fe, fidelidad, esperanza y compromiso con la misión. La segunda venida de Cristo nos recuerda que la historia tiene dirección, que el mal no tendrá la última palabra y que Dios cumplirá sus promesas.

Base bíblica: Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Tesalonicenses 5:1-6; 2 Tesalonicenses 1:7-10; 2 Tesalonicenses 2:8; 2 Timoteo 3:1-5; Tito 2:13; Hebreos 9:28; Apocalipsis 1:7; Apocalipsis 14:14-20; Apocalipsis 19:11-21.

26. La Muerte y la Resurrección

Creemos que la muerte es consecuencia del pecado, pero no es el final para quienes confían en Dios. La Biblia enseña que Dios es el único que posee inmortalidad en sí mismo y que dará vida eterna a sus redimidos. Creemos que, hasta la venida de Cristo, la muerte es un estado de inconsciencia. Los muertos descansan, sin participar de los acontecimientos de este mundo, hasta el día de la resurrección. 

Cuando Cristo vuelva, los justos muertos resucitarán y los justos vivos serán transformados. Juntos se encontrarán con el Señor. La resurrección es, por lo tanto, una esperanza central de la fe cristiana. También creemos que habrá una segunda resurrección, la de los impíos, después del milenio.

Base bíblica: Job 19:25-27; Salmo 146:3-4; Eclesiastés 9:5-6,10; Daniel 12:2,13; Isaías 25:8; Juan 5:28-29; Juan 11:11-14; Romanos 6:23; Romanos 16; 1 Corintios 15:51-54; Colosenses 3:4; 1 Tesalonicenses 4:13-17; 1 Timoteo 6:15; Apocalipsis 20:1-10.

27. El Milenio y el Fin del Pecado

Creemos que el milenio es un período de mil años en el que Cristo reina con sus santos en el cielo. Este período ocurre entre la primera resurrección, la de los justos, y la segunda resurrección, la de los impíos. Durante ese tiempo, la tierra queda desolada y Satanás queda limitado en su obra de engaño. Los redimidos participan en una revisión del juicio de Dios, comprendiendo mejor su justicia, su misericordia y su trato con la humanidad. 

Al finalizar el milenio, Cristo, los redimidos y la Santa Ciudad descenderán a la tierra. Entonces resucitarán los impíos, y Satanás intentará su último acto de rebelión. Pero Dios pondrá fin definitivamente al pecado, a Satanás y a toda maldad. Creemos que este evento vindicará el carácter de Dios y liberará al universo del pecado para siempre.

Base bíblica: Jeremías 4:23-26; Ezequiel 28:18-19; Malaquías 4:1; 1 Corintios 6:2-3; Apocalipsis 20; Apocalipsis 21:1-5.

28. La Tierra Nueva

Creemos que Dios creará una Tierra Nueva donde habitará la justicia. Allí los redimidos vivirán eternamente en la presencia de Dios, en un ambiente perfecto de amor, paz, gozo, aprendizaje y comunión. Creemos que el sufrimiento, la muerte, el pecado, el dolor y la separación terminarán para siempre. 

El gran conflicto habrá concluido, y toda la creación reflejará plenamente que Dios es amor. La Tierra Nueva no es una idea abstracta, sino la esperanza final de la redención: Dios restaurará su creación y vivirá con su pueblo. Allí se cumplirá plenamente el propósito original de Dios para la humanidad. Esta esperanza nos anima a vivir hoy con fe, fidelidad y confianza, sabiendo que el futuro está en las manos de Dios.

Base bíblica: Isaías 35; Isaías 65:17-25; Mateo 5:5; 2 Pedro 3:13; Apocalipsis 11:15; Apocalipsis 21:1-7; Apocalipsis 22:1-5.

Ven a pasar un sábado especial con nosotros

Te invitamos a compartir un tiempo de adoración, estudio de la Biblia, oración y comunión en la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Godoy Cruz. No importa si es tu primera vez: serás bienvenido en un ambiente cercano, respetuoso y familiar. 

LAVALLE 155, Godoy Cruz

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